SIGUIENDO EL EJEMPLO DE JESÚS

SIGUIENDO EL EJEMPLO DE JESÚS

 

“Antes bien como está escrito: cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido a corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios

(1 Corintios 2:9-10).

La capacidad del Señor es infinita, nunca podremos llegar a descubrir la magnificencia de Su Grandeza y de Su Poder.  Desde el inicio de los tiempos Él preparó todo para quienes le aman. Todo lo que podemos soñar, idear, anhelar, ya Él lo hizo. Nuestro más grande desafío es buscar esa revelación espiritual.

 

El Apóstol Pedro en su primera carta capítulo 2:21 dijo que Cristo nos dio ejemplo para que nosotros pudiésemos, andar en sus pisadas, Él siempre se enfocó en llevar el evangelio y aun a ofrendar su propia vida por nuestra propia redención.

El Apóstol Pablo dijo: “lo que has oído de mí, ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:2). Para experimentar lo inalcanzable para nosotros en nuestra limitada naturaleza, necesitamos conectarnos en el reino espiritual a esa escalera invisible que nos remonta a lo sobrenatural.

  • Oír la verdad
  • Seguir su ejemplo
  • Buscar personas fieles que estén dispuestas a dirigir a otros.

Pablo no solamente dio un discipulado a Timoteo en privado, sino que lo llevó consigo a las diferentes ministraciones, cuando Pablo predicaba el daba por hecho que su discípulo Timoteo estaba tomando nota de todo, estaba impregnándose de todo el mensaje.  De esta manera se lograría la pureza de la doctrina, pero también la formación de nuevos discípulos. Lo que nos conduce a una plenitud de Sus promesas es seguir genuinamente las pisadas de Jesús.

Es interesante ver como en la época del profeta Habacuc, él se incomodó pues veía, que ninguno de los del pueblo de Israel y especialmente los de Judá querían comprometerse con Dios.  Cada uno hacía lo que mejor le parecía, necesitaban quién los guiara.

En Habacuc 2:2 el Señor le da la respuesta, le dice: “escribe la visión y declárala en tablas para que corra, el que leyere en ella” y en el verso 3 añade: “aunque la visión tardará aún por un tiempo, más se apresura hacia el fin y no mentirá; aunque tardare espérala porque, sin duda, no tardará”.

El mismo Señor le revela al profeta que la visión se debe escribir, que la visión está reservada para los tiempos finales, y nosotros estamos viviendo esos tiempos, es decir, esta es una promesa, una visión para hoy.  Esa dirección que el pueblo necesita está en que cada uno de nosotros pueda convertirse en un verdadero discípulo siendo formando y formando a otros, pero dejándonos formar a través del Gobierno de los 12.

Autor. César Castellanos

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