Siendo reformadores de nuestra nación

El año pasado el Señor me llevó a retomar mi trabajo como senadora, sin estar en mis planes Dios me permitió volver a representar a los colombianos, por tercera vez, en este lugar.  En medio de esta experiencia he sentido como en cada ocasión debe existir una visión y un objetivo claro por alcanzar. 

En el año 1991 mi gran meta era que los cristianos pudiéramos llegar a los escenarios políticos, en el 2006 el objetivo era lograr la aprobación de 12 leyes, que beneficiaran a los ciudadanos. Pero en el 2018 el Señor me inquietó por liderar un trabajo para erradicar la pobreza, es así que he empezado a realizar acciones para lograr este fin. 

Basada en el texto de Mateo 25:35 (Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui extranjero, y me recogisteis), le pedí al Espíritu Santo que me diera las estrategias para cumplir con este fin. 

Es así como inicie un trabajo  a favor del extranjero, en este caso de los hermanos venezolanos, que han venido a nuestro país en busca de un refugio y huyendo de un régimen social y político que los agobia, el objetivo era  garantizarles sus derechos básicos, entendí que como legisladora de Colombia podía trabajar por eso y como pastora podía brindar una ayuda social a esta población que enfrenta una crisis social, económica y humanitaria, y así lo hemos hecho. 

A nivel legislativo presentamos una propuesta para ayudar a estas comunidades, y como iglesia ayudamos a garantizar un lugar digno para algunas familias venezolanas que se encontraban deambulando en las calles de Bogotá, muchos de ellos con menores de edad. 

Sé que en cada nación hay una necesidad particular , pero sea cual sea estoy convencida que como ciudadanos podemos aportar por el fortalecimiento de nuestras naciones, siempre he dicho que lo poco de muchos es suficiente, y que decidir ayudar al que lo necesita puede cambiar el rumbo de cada país.

La pobreza en el mundo aún es bastante alta,  según el Banco Mundial casi la mitad de la población mundial, es decir, 3400 millones de personas, aún tiene grandes dificultades para satisfacer necesidades básicas.

Como cristianos, líderes sociales o políticos debemos fijarnos, en este nuevo año, metas que permitan fortalecer la sociedad, a las familias, que promuevan la protección de los niños. 

Me impactó ver el trabajo  que ha adelantado Bob Moffitt, autor del libro “Si Jesús Fuera Alcalde”, quien enseña cómo se puede demostrar de una manera  práctica del amor de Dios supliendo las necesidades de nuestras comunidades, él muestra como a través del servicio comunitario se puede erradicar la pobreza de los países más necesitados. Su trabajo se ha desarrollado en India, donde a través de Harvests Ministries ha liderado proyectos de ayuda social que han impacto en mejoras para el desarrollo de sus comunidades. Por esto  el llamado que hace es que a que nos convirtamos en reformadores sociales de nuestras naciones, debemos salir a darle nuestra ayuda al que más lo necesita, esa en una manera en que podemos llevar el mensaje de Cristo. 

Estoy convencida de que cada uno de nosotros puede hacer algo más por su comunidad, no podemos ser indolentes a la necesidad de nuestro hermano, es hora de actuar y convertirnos realmente en esos buenos samaritanos y ser los reformadores que necesita cada nación. 

Mi trabajo apenas empieza, pero mi gran anhelo es dejar una huella en mi nación que permita que las familias puedan gozar de mayor bienestar y donde se proteja siempre al más necesitado, y así  podamos erradicar la pobreza yo ya empecé, ¿qué esperas tú?. 

Senadora Emma Claudia Castellanos

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