SÉ TU MISMO

Cuando tenía 11 años de edad tomé mis primeros pasos para participar en la alabanza de mi iglesia. Como todo adolescente que crece y aspira ponerse al servicio de Dios, mi más grande anhelo era ser bueno en lo que hacía en la iglesia. En esa etapa de mi vida, puedo decir que parte de mi formación musical se basó en escuchar música; y fue también por ese tiempo que recibí este consejo: “Busca personas reconocidas de influencia e imita lo que ellos hacen. Eso te llevará al éxito”.

Al escuchar esto, sentí que la manera de lograr ser alguien en la música  dependía de la capacidad que tuviera para reproducir lo que veía en esos salmistas del momento. Uno en particular me llamaba la atención. Él tocaba muy bien el piano, cantaba y hablaba español e ingles perfecto; también predicaba muy bien y era grandemente usado por Dios. Todas las cualidades que yo quería reproducir en mí mismo. Así que durante muchos años intenté imitar a esta persona y empecé a querer tocar el piano como él. Cantar no era una opción, ya que entendía que mi voz no era tan agradable (en mi opinión personal), y sabía que las otras cosas como la predicación y el poder ministrar como él lo hacía vendrían con el tiempo. Mi meta era ser igual a esa persona en todas las cualidades que lo destacaban.

Cuando Dios nos creó, nos hizo de una manera particular. No fuimos diseñado para ser igual a otras personas. Esto lo vemos aún en el caso cuando son hermanos gemelos; físicamente pueden ser idénticos, pero aún así son totalmente diferentes. Tuve la oportunidad de conocer  unas hermanas gemelas que tienen en común el amor por el canto, y a pesar de que las dos eran extremadamente disciplinados en su arte, al mismo tiempo eran bien diferentes en la manera como lo hacían; ni siquiera el mismo ADN podía hacer que ellas fueran totalmente idénticas. En eso entendí que en el plan de Dios no está que seamos iguales a otros, por el contrario, Dios se deleita en nuestra diversidad de personalidades, talentos, y aún en nuestra manera de relacionarnos con Él.

Alguien que para mí tenía muy claro su lugar en Dios era David. El autor de los Salmos, y a quien Dios describió como “El hombre con un corazón conforme al de Él”, tenía la seguridad de lo que el Señor le había dado, aún por encima de que sus 7 hermanos le recordaran constantemente lo diferente que era de ellos.  En una de las pruebas más difíciles del pueblo de Israel, David fue el único valiente que enfrentó a Goliat, un gigante Filisteo que tenía fama de ser un guerrero sin igual. Cuando David se prepara para luchar contra su enemigo, sucede lo siguiente:

“Luego Saúl vistió a David con su uniforme de campaña. Le entregó también un casco de bronce y le puso una coraza. David se ciñó la espada sobre la armadura e intentó caminar, pero no pudo porque no estaba acostumbrado.

―No puedo andar con todo esto —le dijo a Saúl—; no estoy entrenado para ello.

De modo que se quitó todo aquello”

1 Samuel 17:38-39 NVI

David entendía que él no podía usar la armadura de otro, y que si lo intentaba, iba a fallar. Entonces en el momento que venció al gigante, hizo uso de aquellas cosas que traía consigo desde el tiempo que fue pastor de ovejas. En sí no fue la armadura de otro que le dio la victoria, fue lo que Dios le había dado de antemano a él que era diferente, único, y particular.

Una noche tuve la oportunidad de compartir con este héroe de mi adolescencia en un evento en Bogotá. Fue muy especial conocerlo en persona y conocerlo a fondo. Después de haber hablado con él, salí a la consola de sonido acompañado de quien hoy en día es mi esposa, a recibir durante su concierto. Cantábamos las canciones que nos marcaron en los años que llevamos sirviendo a Dios y fue muy especial.

Pero en ese momento sentí que Dios me visitó. Recuerdo que me habló al corazón y fue muy claro el mensaje; Él me dijo: “Hoy me vas a entregar ese sueño de ser como tu héroe en la fe. Yo ya lo levanté a él, pero aún estoy por levantarte a ti”. Fue un momento poderoso, confrontante, y de liberación. Entendí que durante todo este tiempo yo estaba buscando ponerme la armadura de otro, que por querer ser como otro, estaba perdiendo la oportunidad de ser yo mismo y usar las cosas que todo ese tiempo Dios llevaba formando en mí de manera personal.

Muchas veces queremos liberar nuestras conquistas personales usando la armadura de otra persona. Queremos replicar lo que hacen otros, pensando que eso nos va ayudar a lograr los mismos resultados de esas personas que admiramos. Pero me atrevo a decir que esto que escribo hoy es para ti: Dios te está levantando para que puedas ser bendición para muchos.

Dios quizás ha levantado muchas personas de influencia en la alabanza y adoracion. Personas con mucho talento, y quizás únicas. Pero eso no quiere decir que todo este tiempo Dios no ha venido formando en ti cosas especiales y que te hacen único. Quizás Dios ya levantó a _____ (pon el nombre de tu héroe aquí), pero Él aún está por levantar a _____ (pon  tu nombre aquí). No uses la armadura de otro. Si David pudo vencer al gigante con una piedra, no será que Dios puede usarte a ti con lo que tu tienes? Cree en Dios, sé fiel, y sobre todas las cosas, sé paciente. Te darás cuenta que tu valor es más alto de lo que creías.

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