MUJER, TÚ ERES EL POEMA DE DIOS

Cuando César comenzó a escribirme los poemas, entendí que no eran solo para mí, sino para todas las mujeres de la iglesia también. Cada una de nosotras tiene una misión en su vida y este mes tuve un sentir de aprender más de una mujer que para mí era desconocida: se llama Jocabed, madre de Moisés; a través de la vida de su hijo, esta mujer refleja por qué tenía que nacer en ese tiempo. Ella me inspiró para entender una de las revelaciones que tuvo Pablo; el apóstol en la Biblia nos guía a cómo podemos cumplir el propósito de Dios en nuestra vida. Cuando vemos una mujer, encontramos muchos sinónimos: belleza, armonía, etc; creo que en esta convención, estamos en una cita divina, en una relación con nuestro Amado y Él nos reúne para hablarnos, para hablarle a Sus amadas.

Aquí, el Espíritu Santo me ha mostrado que si queremos tener el respaldo en todo y vivir en amores con el Señor, lo primero que debemos hacer es presentar nuestro cuerpo delante de Él como un sacrificio, pero también en plena oración. A veces las circunstancias quieren hacernos ver que la humanidad se está perdiendo, pero este es el momento en donde Dios nos muestra que las mujeres estamos determinadas a cambiar la historia de nuestras naciones y a despertarnos a la intercesión y declarar que sí podemos cambiar esas circunstancias que hemos visto por mucho tiempo.

Mujer, yo te invito a que veas que Dios quiere levantarnos como esas mujeres apasionadas por Su obra y por cambiar historias.

Quiero enseñarte algunos tips que te ayudarán en este tiempo a levantarte en el Propósito Divino:

1. Debemos confiar en Dios sin importar las circunstancias.

Toda mujer se enfrenta a su cultura, y es ahí cuando debemos estar firmes en los principios que nuestro Padre nos enseñó.

2. Al presentar nuestro cuerpo, entendemos la importancia de la intercesión.

La fe no se guía por la lógica o las circunstancias, debemos aprender a orar desde lo más profundo (desde las entrañas), y que así como Jocabed oró con todo su corazón y entregó lo que más amaba, nosotras también podamos hacerlo.

3. Tener una renovación de mente.

Cuando entramos en la oración, morimos a la mente natural. Cuando renovamos la mente, Dios puede movernos a una medida de fe que nos lleva a entender el propósito de Dios en nuestra vida.

“Hija levántate porque quiero empezar una nueva historia en ti”.

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