MISIONERO POR UN DÍA EN NAVIDAD

“Más vale un buen final que un buen principio”… ha sido la Palabra que ha desatado nuestra Pastora Claudia Castellanos en este mes de diciembre y definitivamente en esencia, esta palabra se hizo Rhema en nuestro viaje al hermoso departamento del Meta. Nuestro recorrido inició un viernes a las 6 de la mañana, una vez estando dentro de la camioneta oramos juntos rindiendo cada minuto al control del Espíritu Santo, ¡todo estaba listo! Generación 12 iniciaba así el recorrido hacia Granada, Acacias y Villavicencio en donde culminaríamos por este año, la campaña Misionero por Un Día.

Al principio un poco de sueño, pero el clima cálido nos fue despertando e hizo que prestáramos más atención a los hermosos paisajes que se iban asomando. Las casas de los pueblos con su decoración navideña hacía que hubiera más gozo en el corazón, todo en carretera estaba perfecto hasta que vimos que en un tramo del trayecto la vía estaba cerrada y por dirección policial la ruta tuvo que desviarse.

El desvío era muy estrecho, nos encontramos con bastantes inconvenientes, además de lo difícil del terreno. Aunque disfrutamos del paisaje, nos preocupaba el tiempo de llegada, pues ya teníamos dos horas de retraso. El calor se fue haciendo un tema insoportable y como valor agregado, mientras la camioneta avanzaba con lentitud ¡tuvimos un ataque de abejas! Fue un momento muy cómico, unos intentábamos sacarlas y otros solo reían al vernos hacer maromas.

El viaje de cuatro horas se extendió a uno de ocho, pero al llegar al hermoso municipio de Granada y encontrarnos con los pastores, fue como sentirnos en casa y fue la misma sensación al estar en MCI Acacias y MCI Villavicencio. Los conciertos de cada lugar, hicieron olvidar todo inconveniente y toda demora, nosotros con gratitud en el corazón solo podíamos adorar a Dios y llevar a cada una de las personas a que tuviera un ENCUENTRO GLORIOSO CON DIOS.

Cada noche fue única, nos sentíamos felices de escuchar a los pastores contarnos de la gran multiplicación que experimentaron a través de la campaña, los lugares estaban llenos y allí entre música y danza, todos declarábamos a una sola voz que no hay más grande amor que el de Jesús.

Todo valió la pena, cada detalle en verdad estuvo bajo el cuidado del Espíritu Santo. Puedo decir, Dios es experto en sorprendernos.

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