LOS 5 PILARES DE UN VERDADERO LÍDER

La fuerza y el vigor pujante son cualidades que distinguen al líder de sabiduría y se adquieren a través de un proceso de formación del carácter y de capacitación genuina para influenciar a otros; en otras palabras, el líder no nace sino que se hace.

“El hombre sabio es fuerte, y de pujante vigor el hombre docto” · Proverbios 24:5

La persona escogida para ejercer un liderazgo, sin importar su personalidad, será moldeada por el Señor, al ser guiada por principios bíblicos podrá convertirse en alguien que motive a otros y que permanentemente se motive a sí misma. Para lograr una alta motivación que no se apague se necesita una fuerza interior especial, quien quiera transformarse en líder debe tener en cuenta cinco principios que le ayudarán a lograr esa fuerza que menciona el proverbista:

Todo obra para bien

 Cuando experimentes más adversidades en la vida, mayor será la fuerza interior que desarrolles.

No hay fracasados

Los grandes líderes de la historia humana se forjaron en tiempos de crisis. Un ejemplo de esto es Abraham Lincoln, quién después de varios intentos por alcanzar una posición en el ámbito político de su país, fue visitado por un periodista y al hacerle la pregunta: “¿No está cansado de fracasar?”, él contestó: “Aún no he fracasado, es que todavía no logré los resultados deseados”.

Es necesario asumir responsabilidades

Tener capacidad y disposición para asumir responsabilidades, es lo que más fuerza interior da a una persona.

Se precisa un compromiso absoluto

El líder que ve fruto en abundancia es aquel que se entrega por completo a la tarea.

Es imprescindible fijar metas a corto y largo plazo

Las metas son los ladrillos con que se construyen los propósitos y definen las realizaciones del hombre. A medida que vamos forjando nuestras bases como una construcción en arquitectura para sostener un edificio; así también en nuestra vida, cuando tenemos cimientos sólidos en la palabra más fuerte será nuestra base para el crecimiento espiritual y personal.

Cuidemos la mente como a nada en el mundo. San Pablo dijo que debemos ponernos el yelmo de la salvación, cuya función es justamente proteger la cabeza. Este yelmo equivale a una saturación con la Palabra de Dios que debe morar en abundancia en nosotros. Al saturar la mente del conocimiento de las Escrituras, estamos llenándonos de una actitud mental positiva, de pensamientos de fe, de un sentido conquistador y valiente.

La Palabra de Dios no permite el negativismo ni en el grado más mínimo, pues todo lo que emana de ella es vida, paz, fe y esperanza.

 

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