RECETA PARA “EL EQUILIBRIO”

“Nadía, podés alcanzarme la mantequilla por favor. La receta dice: 375 gramos de mantequilla, 500 gramos de harina de maíz, 375 gramos de azúcar, 100 gramos de leche, 10 huevos. ¿10 huevos? 20 gramos de polvo para hornear y un toque de sabor a vainilla”. ¿Con qué gusto saldrá esta mantecada colombiana?”

Como no soy experta en la cocina, dependo de lo que la receta diga que hay que hacer. Alfredo, por el contrario es un experto cocinando; de hecho, en casa le decimos “El Chef”. Para él le es tan fácil saber cuánta harina o manteca, aunque usa elementos de medición, todo le sale del corazón. Creo que ser padres y pastores es un privilegio, pero para lograr armonía entre la familia, el cuidado de la casa, el ministerio y el trabajo es importante tener cada uno de los ingredientes en la “receta del equilibrio” para que tanto el hogar como el ministerio tengan un sabor agradable.

Los ingredientes que fueron de bendición para nosotros son:

  1. Palabra en Familia – Aunque nuestros hijos están expuestos a escuchar la Palabra en tantos discipulados, reuniones, convenciones, nada reemplaza lo que papá y mamá pueden enseñar. Desde pequeños les hemos dicho a nuestros hijos que preparen una palabra para la célula familiar. Aún conservo las primeras notas de mi hijo Santiago, recién comenzaba a escribir. Delegarles esta responsabilidad hace que ellos también se acerquen a Dios y reciban de Él para luego compartir.
  2. Tiempo de Calidad – Creo que es importante cuando como padres dedicamos tiempo de calidad a nuestros hijos; preguntándoles qué aprendieron en la escuela, cuáles son sus amigos, qué lucha están pasando. Tenemos que entender que aunque para nosotros las luchas no sean importantes, por su edad, para ellos quizás se presentan como tremendos desafíos. Recuerdo que cuando Nadia era pequeña, antes de acostarse siempre le preguntaba: ¿Qué fue lo más lindo y lo más doloroso que te pasó hoy? Celebrábamos juntas y dábamos gracias a Dios por lo lindo que le había pasado; luego tomaba una historia bíblica para ministrarla en aquello que había herido su corazón. Mi propósito por medio de esa pregunta, era crear el hábito que ella siempre podía venir y contarme todo lo que le pasaba, y que yo tenía tiempo de escucharla.
  3. Hacerles sentir cuán importantes son – Como padres debemos conocer el lenguaje del amor de nuestros hijos; saber qué los hace sentir importantes. Para unos es sentarse a realizar tareas, para otro es salir a jugar al parque, otros prefieren ir de compras. Cada hijo es diferente. Para nosotros todas las actividades de la iglesia son importantes pero tratamos de esforzarnos y organizar nuestro tiempo para acompañar a nuestros hijos en alguna actividad de la escuela, en un cumpleaños, en un partido de fútbol, cuando Alfredo no puede, trato de estar yo o viceversa.
  4. Ser amigos – Desde que nuestros hijos tenían 4 o 5 años, Alfredo cada 15 días sale solo con uno de ellos y les dedica un “tiempo especial”, sin interrupciones; Nadia lo llama la “cita con papá”, los varones le dicen “la meeting” (la reunión). Ese tiempo consiste de dos elementos. Primero, los hijos piensan 2 preguntas para hacerle al papá, algunas de ellas fueron: ¿Cuál es la diferencia entre los dientes y las muelas? ¿Qué es un católico? ¿Cómo murió Pablo? ¿A Daniel le cortaron la cabeza? ¿Quién gana más dinero, un presidente o un policía? ¿Cómo se conocieron mami y tú? ¿De dónde vienen los bebés? Por medio de este tiempo establecimos el principio que queremos ser sus amigos y que pueden preguntarnos todo lo que necesitan saber, sin ocultar nada.
  5. Pedir perdón – Lo segundo que sucede en la “cita” o la “meeting”, es que Alfredo dice: Hijito, hijita, ¿hay algo por lo que papá tenga que pedirte perdón? Cuán importante es crear un espíritu perdonar en nuestros hijos, y comienza por nosotros los padres. Muchas veces no sabemos qué les hirió, qué les ofendió pero en este tiempo especial ellos pueden abrir su corazón y remover todo aquello que el enemigo quiera traer para separar a los padres de los hijos. También es un tiempo donde les enseñamos a cuidar su corazón, sus emociones y a ser verdaderos hijos de Dios.
  6. No traer la Iglesia ni los discípulos a la casa – Como pastores, todo lo que hablamos, planeamos y deseamos involucra el ministerio, pero uno de los principios bajo los cuales hemos edificado nuestro hogar es “no hablar de los problemas de las personas y/o la iglesia frente a nuestros hijos”. Sus tiernos corazones no están listos para poder manejar las situaciones que enfrentan las personas (divorcios, peleas, gritos, abandono, abusos, etc ) y creo que muchas veces se daña el corazón de los hijos por lo que escuchan hablar a los padres. El ministerio tiene momentos difíciles, pero nunca hablamos de ellos frente a los niños para no crear en ellos raíces de amargura. Por el contrario, siempre hemos dicho que no hay gozo mayor que el servir a Dios, por eso ellos anhelan hacerlo también.

Al ver el ejemplo de los Pastores Castellanos puedo decir que sí se puede tener una familia en bendición y ser ¡madre de multitudes también!

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