LA MELODÍA CORRECTA

En la Biblia podemos encontrar la vida de Saúl, quien era atormentado por un espíritu. Para contrarrestar los ataques que vivía el Rey, sus siervos se determinaron encontrar a alguien que tocara el arpa y de esta manera traer alivio a la vida de Saúl. David fue ese joven escogido para calmar el tormento de Saúl y poder llevar sanidad al alma del Rey.

Vemos como Dios desea usarnos, que seamos esos instrumentos que llevemos sanidad a través de nuestros talentos. Constantemente vemos personas con vacíos en su corazón, quizá ellos no saben que sólo Dios es quien puede transformar sus vidas.

El mundo busca a alguien que traiga una melodía correcta para alejar esos espíritus de tormento, pero ¿Qué melodía estamos tocando?,¿Qué mensaje están escuchando?

Hemos sido escogidos para impactar y quizá tú pienses: “Yo no sé tocar ningún instrumento, ni tampoco canto”, hoy puedo decirte que tu mejor melodía se refleja en tu vida y testimonio; lo que las personas escuchan de ti en tu hogar, universidad y trabajo.

Ahora surge la pregunta ¿Cómo tener la melodía correcta?

La formación.

Es uno de los tres acordes que componen esta melodía. La Palabra nos muestra en 1 Samuel 2:35 que el Señor desea discípulos fieles que anden ungidos todos los días, llegar a ser esta clase de personas requiere de formación y afinación. Para afinar cualquier instrumento se necesita tensionar y esto es lo que sucede en nuestros corazones cuando vivimos tiempos de prueba; allí Dios permite que seamos tensionados para ser formados y sonar correctamente.

El segundo acorde es el mensaje de esperanza.

Muchas veces la melodía tiene un toque de fatalismo y negativismo, en ese instante debemos entender que Cristo llevó el temor y el dolor en la Cruz; por esto nuestro mensaje debe ser de salvación, esperanza y fe, recordemos que este es el lenguaje de Dios y muchas personas al buscarle desean encontrar esas palabras de aliento y restauración, no de condenación y dolor. Nosotros somos los encargados de dar este mensaje, así que tenemos una gran responsabilidad con cada una de las personas que nos escuchan.

El último acorde es la Unción.

Solamente bajo ella podemos derribar gigantes, no es en nuestras fuerzas o con nuestras manos, es en las manos de Dios. Necesitamos la unción en nuestros ministerios para caminar en lo sobrenatural; solamente necesitamos creer porque todo lo que hacemos tiene un propósito y debe ser bajo la unción.

Cuando tenemos estos tres acordes podemos saber que hay una melodía correcta y que estamos llevando el mensaje de sanidad y alivio al mundo.

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