El temperamento del profeta Eliseo era único; en lo que se enfocaba, siempre lo lograba. Él sabía cómo escuchar a Dios. Cuando hablaba, su palabra era expresada con autoridad y poder. El profeta asumió de manera personal la causa de la aflicción de esta familia y la hizo su carga de oración. Eliseo estaba determinado a que Dios le revelará la forma más eficaz para interceder por el asunto. Estaba dispuesto a hacer lo necesario, con la confianza de que el niño regresaría a la vida.

La amabilidad de aquella mujer hacía el profeta en el pasado, era un argumento poderoso a su favor en el mundo espiritual. Eliseo estaba decidido a creer que Dios le respondería pronto. “Entrando él entonces, cerró la puerta tras ambos, y oró a Jehová” (2 Reyes 4:33).

“Después subió y se tendió sobre el niño…” (2 Reyes 4: 34).

Eliseo puso en acción toda su fe y decidió unir su cuerpo con el cadáver del niño; lo hizo de tal modo que juntó sus ojos, su boca y sus manos con las del pequeño, para que el cuerpo entrara en calor y recobrara la vida. Eliseo decidió́ entrar en contacto con el cuerpo inerte del niño, ya helado por la muerte, ese contacto hizo que el espíritu de vida de Eliseo fuera el instrumento utilizado por Dios para hacer que el pequeño reviviera. Los labios del profeta Eliseo fueron santificados por la presencia de Dios y al unirlos con los del niño, no sólo estaba cancelando cualquier palabra incorrecta que hubiese dicho; sino que también, ponía un nuevo lenguaje en la boca del hijo de la sunamita.

“Volviéndose luego, se paseó por la casa a una y otra parte…”(2 Reyes 4:35).

Aunque el cuerpo del niño había entrado en calor, los síntomas de vida no se habían manifestado. “…Después subió, y se tendió sobre él nuevamente, y el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos” (V.35).

Fe, determinación, compasión y perseverancia ayudaron al profeta para que el milagro ocurriera. Muchas personas al enfrentar una situación difícil y no ver el cambio después de la primera oración que hacen, se entregan al desánimo y a la derrota. El profeta, a pesar que no vio el cambio al instante, siguió orando, continuó creyendo que el espíritu de resurrección se manifestaría, y así́ fue. ¡Manténgase firme en las promesas que Dios le ha dado, pasee por su casa declarando una y otra vez que verá la victoria!

Mi yerno Lau un día salió a jugar y compartir con algunos de sus amigos y discípulos; Leonardo Neri, un joven de trece, años se encontraba entre ellos. En un abrir y cerrar de ojos todo cambió. Leo salió a recoger la bola de basketball y quedo preso a una reja que lo electrocutó por algunos segundos. Al ver esto, su hermano salió corriendo para separarlo de la reja, pero no pudo. Inmediatamente Lau salió corriendo, y los jaló fuertemente de la reja. Leo cayó inconsciente al piso, convulsionando y perdiendo toda señal de vida.

Al ver esto, todos los que se encontraban en esa cancha comenzaron a clamar por la vida de Leo. Los siguientes 20 minutos, mientras todos oraban y clamaban, Lau le hacía masajes cardíacos sobre el cuerpo de Leo declarando a viva voz: “¡Resucita Leo! ¡Señor, sopla aliento de vida!”.

La respiración del joven era cada vez más débil, hasta que en un momento mi yerno sintió fuertemente de parte de Dios soplar sobre la boca de Leo, de la misma manera que el profeta Eliseo lo hizo con el niño que había muerto. Al soplar, el aliento y soplo de vida de Dios vino sobre él. Luego, llegaron los paramédicos y camino al hospital Leo perdió totalmente sus signos vitales como 2 veces, más Dios en Su infinita gracia y misericordia volvió a soplar vida y Leo no murió sino que resucitó.

El milagro no termina allí. Al llegar al hospital, los doctores dijeron que los riñones no estaban respondiendo, que sus pulmones se habían llenado de agua, y que su corazón estaba con un 10% de fuerza. La iglesia se levantó a clamar como nunca antes, la Sangre de Jesús se convirtió es su mayor arma. Los siguientes tres días fueron cruciales. El diagnóstico médico era uno, pero la promesa de Dios era otra. Al segundo día los doctores no se explicaban cómo los riñones de Leo habían sido completamente sanados y sus pulmones parecían como nuevos. Al tercer día vimos un niño con un corazón nuevo, respirando por sí solo y totalmente sano.

Verdaderamente Leo es un milagro!

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