Hay varios tipos de preguntas: aquellas que son fáciles de responder porque ya conocemos ampliamente su respuesta; existen también las preguntas incómodas, cuyas respuestas a veces nos pueden llegar avergonzar; las difíciles de responder, ya sea porque no conocemos bien su respuesta o porque su respuesta no nos gusta. Pero hay otro tipo de preguntas que son para las que no tenemos respuestas, entre estas encontramos preguntas como: ¿Los dinosaurios existieron? ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? etc., o también hay preguntas mucho más profundas, que son aquellas que dejan un interrogante en nuestra mente y muchas veces más arraigado en nuestro corazón.

Entre esta última clasificación se encuentran preguntas como: ¿Será que lo que hacemos con los niños y para los niños vale la pena?  O las que muy a menudo visitan las mentes de los padres con pensamientos como: ¿He sido un buen padre para mi hijo? ¿Él ha sentido cuánto lo amo?. Preguntas en el corazón de los líderes del ministerio de niños, como: ¿Realmente lo que siembro en ellos sí es importante? ¿Sí dará algún fruto? Y justamente una de estas preguntas sin respuestas, fue la que Andrea, una de las líderes más destacadas de Kids,  tuvo que vivir en carne propia este año, después de librar una de la batallas más grandes de la fe, al enfrentar la enfermedad de su hijo de 13 años.


EN MEDIO DE ESTA GRAN PRUEBA APRENDIÓ EN CARNE PROPIA LO QUE ES LA ORACIÓN, EL PODER DE LA INTERCESIÓN, EL CAMINAR VERDADERAMENTE EN LA FE, PERO SOBRE TODO, LO QUE SIGNIFICA ACEPTAR LA VOLUNTAD  PERFECTA DE UN DIOS AMOROSO, QUE CON LA VIDA DE SU PEQUEÑO HIJO DEJÓ UN LEGADO IMBORRABLE, NO SÓLO EN ELLA Y SU FAMILIA, SINO EN TODOS AQUELLOS QUE LO CONOCIMOS O VIVIMOS DE CERCA SU HISTORIA Y ORAMOS POR ÉL.


Este joven de 13 años, Jacobo Latorre, es una respuesta a gritos que nos demuestra que lo que se hace por los niños en la iglesia, vale muchísimo la pena.

Y es aquí donde entra la pregunta que durante muchos meses, después de esa tarde de marzo en la que Andrea despidió a su amado hijo Jacobo para verlo partir a una eternidad con Jesús, había estado martillando su mente y su corazón: ¿Fui una buena mamá para Jacobo? ¿Cumplí con lo que Dios me había confiado? ¿Corrí la milla extra por él? Ella, una guerrera de la fe y una tremenda líder de kids que había ministrado a muchos pequeños y les había enseñado del amor del Padre, tenía una lucha en sus pensamientos y era saber si había cumplido con lo que Dios le había encomendado.

Pero aquí es donde Dios interviene y en una semana de diciembre, ella encuentra la tan anhelada respuesta: arreglando su apartamento, se encuentra con una postal escrita por puño y letra de Jacobo en enero del año 2015, que aunque no tenía fecha de entrega, Dios sabía que debía ser entregada para este tiempo; en esta postal escrita en un campamento de Pre Juveniles, como actividad de la charla de familia, Jacobo le responde estas preguntas a su mamá:

Papás: con esta palabra me refiero a las mejores personas del mundo, les doy gracias por haber aceptado el trabajo más grande y difícil, los amo mucho, gracias por amarme, cuidarme, perdonarme, corregirme, esperarme y jugar conmigo. Les doy gracias por criar a mis hermanos (los mejores) gracias por todo papá y mamá”.

Dios decide dar respuesta, diciéndole a Andrea claramente que todo lo que había hecho por su hijo sí había valido la pena, que él se sintió amado por sus padres y los amaba. Este mensaje confortó el corazón de esta mujer de fe y por esto, ella muy conmovida por las palabras, decide dar gracias a Dios por el mensaje de su hijo y  agradecer por lo que la iglesia hizo por él:

¨Gracias a los encuentros, a los campamentos a los que él asistió, a cada actividad en donde muchos sembraron de su tiempo, de su dinero, de sus dones; Jacobo pudo tener un encuentro verdadero con Jesús y gracias a lo que vivió en ese enero del 2015, hoy puedo recibir un bálsamo de consuelo que conforta mi alma, gracias a que la iglesia se encarga de crear un espacio para ministrar y pastorear a los niños. Gracias porque en estos espacios, mi hijo se encontró cara a cara con Jesús, nació de nuevo y a pesar de que ya no exista acá en esta tierra, él existe en el reino de Dios y en mi corazón hay una certeza de que está en la presencia del Señor. Mi testimonio es que todo lo que se hace en kids y en Pre no es en vano¨

Andrea Silva

Sin lugar a dudas, Jacobo dejó una huella imborrable en nuestros corazones y su testimonio seguirá predicando a muchos de lo que es el Amor perfecto de Dios y seguirá predicando que lo que se hace por los niños; ese trabajo a veces tan anónimo y no tan valorado, tiene un valor incalculable, porque aquello que sembremos en los niños de nuestra iglesia, ellos lo devolverán en la casa de Dios cuando estén grandes.

Todos dejamos una huella. Que la que dejemos nosotros sea digna de seguir y guíe a los pequeños a Jesucristo.

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