HEME AQUÍ, ENVÍAME A MÍ

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En estos tiempos en donde vemos la necesidad de levantar la voz, la necesidad de proclamar que ¡si! hay oportunidad para ésta generación, debemos sentirnos afortunados de poder hacerlo.

LAS OPORTUNIDADES

Han sido usadas por grandes hombres a través de la historia y muchos de estos, han logrado cambios increíbles, cambios que han hecho historia y han trasformado grupos de personas, aun de naciones enteras. Los jóvenes de hoy en día no solo son más atrevidos, sino que cuando son salpicados por la convicción, se apasionan y llevan sus fuerzas hasta la consecución de sus metas, pero, lamentablemente sus mentes han sido confundidas, como dice la palabra “a lo malo le han llamado bueno y a lo bueno malo”, sin embrago, existen muchos que hoy levantan esa voz para seguir en contra de la corriente consientes en que han sido llamados para llevar su mensaje, son grandes grupos que saben que han sido elegidos y han sido abanderados de la voz de Dios para este mundo.

¿CÓMO?

Sencillamente porque Dios es un Dios de oportunidades y cada uno de estos nuevos voceros de las buenas nuevas han conocido a este gran Dios y han visto cómo sus vidas han cambiado, esa experiencia personal los lleva a presentar un Dios real vivencial, ya no uno que les cuentan sino uno propio que está dentro de ellos y cuando una oportunidad se aprovecha, ésta genera cambios y cuando se generan cambios se hace historia. Los jóvenes de hoy en día Ya no se preguntan, ¿porque yo? ahora son conscientes en que es una gran oportunidad y al procurar con pasión, esfuerzo y Fe cumplir el propósito de Dios, están logrando cumplir sus sueños, pues estos han sido entregados en manos de quien desea más que nadie hacerlos realidad.


 

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. 2 pedro 3:9.


 

NUESTRA MEJOR ESTRATEGIA

Vivir esas buenas noticias (evangelio) y presentar con Amor pero con firmeza esa necesidad que tiene el hombre de encontrarse con su salvador. Nuestro testimonio es un buen arma, pero también debemos aprovechar las oportunidades que se nos presenten para hablar, para dar esas buenas nuevas y para ayudar a quienes necesitan escucharlas. Es un privilegio ser parte de quienes anuncian la palabra en estos tiempos.

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