MI EQUIPO DE DOCE

Cuando comencé mi primer Célula fue un poco difícil la gente no iba, (bueno creo q a nadie le ha pasado eso solo a mí…jejeje) fue todo un proceso, pero bueno después de más de un año de perseverar logre por fin consolidar mi primer Célula a la que fueron llegando poco a poco los que iban a hacer parte de un sueño y era el de salvar una ciudad. Allí me proyecte y forme mi primer equipo de doce, quienes se convirtieron en más que unos discípulos en mis amigos, personas con las que no solo compartía en cada reunión temas de formación espiritual y ministerial sino que pasábamos mucho tiempo juntos en la semana y esto hizo que la relación con cada uno de ellos se fuera estrechando cada día más.

Creo que hay dos maneras de consolidar y formar un equipo, es algo que nos ha enseñado nuestro Pastor Cesar Castellanos; una de ellas es cuando nos convertimos en amigos de ellos, pasamos tiempo, compartimos vivencias… y esto fue lo que hizo Jesús, su mayor tiempo la dedico al estar con ellos, en ser amigos, en estar siempre y poder formarlos a través del ejemplo y el contacto personal. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. (S.Juan 15:15 RVR60)

Pero la segunda forma es cuando yo me esfuerzo por ser un padre para ellos. La gran mayoría no tuvieron papa, y creo que unos de los vacíos que Dios nos lleva a llenar es el de la paternidad. Un padre ama, entrega todo, se esfuerza por ser mejor cada dia y por darle lo mejor a sus hijos; pero un padre también corrige, disciplina, forma, hace cosas que si en mi caso sólo fuera amigo no lo lograría. Cuando comencé, muchos tenían temores, frustraciones, eran muy jóvenes y se sentían menospreciados, no tenían dinero, era como el equipo que se unió al rey David cuando huía de Saúl y existen dos formas de verlos; una como una carga para nuestra vida y como casos perdidos o dos como Dios los ve, hombres de fe con visión, proyección y un gran propósito de parte de Él.

Cuando podemos ver a la gente como Dios la ve y no como ellos mismos se ven ni aún como muchas veces nosotros los vemos es cuando un equipo se puede convertir en el mejor. Todo depende en la manera como los proyectemos y formemos, hay que creer en ellos cuando tal vez nadie lo ha hecho, algo que muchos de estos primeros discípulos me escribían cuando iba de guía a los encuentros era Gracias por la PACIENCIA…

Y aún me lo siguen diciendo, este es otro ingrediente fundamental para poder levantar un gran equipo. A veces nos afanamos mucho por ver en ellos lo que Dios quiere hacer, pero es en el tiempo de Dios y con la paciencia que lo podemos ver cumplido. Dios me ha enseñado a través de estos años a creer en la gente, a darles oportunidades, desafiarlos a cosas grandes y sobre todo en llevarlo a soñar el sueño de Dios, sé que muchos de ellos se han mantenido por que un día aprendimos a soñar juntos, y hoy día hemos visto cumplido en parte algo que tal vez en algún momento era un imposible para nosotros, ganar a miles para Dios, ver coliseos llenos de personas entregándole su vida a Jesús, estar frente multitudes predicándoles etc.

Así cómo las aves le enseñan a volar a sus polluelos, los lleva a las alturas y cuando están allá los suelta para que aprendan solos, pero si se acercan mucho al suelo y no lo han logrado ella los recoge los vuelve a elevar hasta que por fin lo pueden hacer; ese es el secreto enseñarles a volar, soltarlos para que lo hagan solos, darles confianza y seguridad pero no quitarles la mirada, y si no lo han logrado hacer, intentarlo hasta que lo por fin lo puedan lograr, enseñarles con el ejemplo, llevarlos a vivir por fe, tener paciencia y sobre todo hacerlo siempre con amor y compasión, verlos como amigos pero más que esto serán siempre hijos.

Hoy he podido ver crecer un gran equipo, he visto en ellos la bendición del matrimonio, el nacer al ministerio, y el amor y pasión que tienen en servir al Señor todos los días; han prosperado, algunos son empresarios, se han desafiado a cosas grandes y ésta es la mayor recompensa tanto para un líder como para un padre, ver cumplir el sueño de Dios en sus vidas.

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