EN CASA PERO NO DESACTIVADOS (PARTE 1)

El gran evangelista estadounidense Billy Graham dijo lo siguiente respecto a momentos difíciles: «Las cimas de las montañas son buenas para ver lindos paisajes y ser inspirados, pero el fruto crece en los valles». 

En medio de todo lo que está sucediendo en el mundo, es fácil sentir que estamos en un valle. Pero es justo ahí en donde seremos testigos del fruto que Dios nos prometió. Este no es un tiempo para desconectarnos y descuidar el ministerio, al contrario, es una oportunidad para crecer en la oración, ir más profundo en la Palabra de Dios, ganar a nuestros vecinos, y hacer el altar familiar.  

Hoy les queremos compartir dos testimonios de mujeres que asistieron a los encuentros que tuvimos en MCI Bogotá en Febrero. Oramos que estos testimonios nos recuerden el valor de un alma y que siempre vale la pena sembrar en los que nos rodean. 

Nací y crecí en una familia católica, que me crió en sus creencias.  Cuando tenía cuatro años, mi papá le fue infiel a mi mamá y ella decidió hacerle lo mismo a él, desde entonces no recuerdo un solo día sin ninguna de sus grandes peleas.

Cuando cumplí seis años, comencé a quedarme sola más de 16 horas al día en casa, por ello tuve que aprender a cocinar, y a los 8 años ya sabía hornear y decorar pasteles. Soñaba ser chef hasta los 9 años que murió mi primer perrito, porque ahí comenzó a interesarme el bienestar de los animales y decidí que sería veterinaria. Meses después falleció de cáncer, el hombre que había sido mi figura paterna, ahí comencé a cuestionar a Dios y poco a poco fui perdiendo la fe.

Cuando tenía 10 años me volví atea y las peleas en mi familia empeoraban, por eso crecí sintiéndome siempre sola y asustada, tuve que aprender a solucionar los desafíos de mi edad y demás, sin ayuda de mis padres. Desde que tengo memoria sufrí de bullying (maltrato) en el colegio, mi autoestima estaba por el piso. A mis 12 años empecé a sufrir acoso sexual e intentos de violación, por ello decidí cortarme las venas; me pasaban tantas cosas malas y tenía que enfrentar sola, que cuestionaba mi existencia, la de mis papás y de mi hermano, (no lo había mencionado antes porque no recuerdo que él estuviera ahí).

 Con el pasar del tiempo, buscaba cariño y consuelo en las personas incorrectas.  Cuando tenía 13 años mis papás se enteraron que me cortaba las venas y le contaron a mi hermano, quien para ese entonces, ya asistía a una iglesia cristiana. Un día él llegó a la casa para ayudarme con una tarea y decidió poner música, ningún cantante cristiano  me interesaba porque yo era atea; pero de pronto puso Trapstorno de Redimi2, y de inmediato me encanto su música, tanto, que memoricé un disco entero en dos semanas, ¡No dejaba de escucharlo!

 Un día llamé a mi hermano y le dije que si no me llevaba el sábado a la iglesia no iba a ir nunca. Entonces ese sábado, el 28 de Julio de 2018, él me llevó. Generación 12 estaba tocando una canción en colaboración con Redimi2 (Tu amor no tiene fin). Aunque la había escuchado varias veces, no sabía lo que era alabar a Dios, y cuando vi a Daniel (mi hermano) hacerlo, lo primero que pensé fue, «¡Está loco!». Pero no quería ser la única que no lo hacía, entonces cerré mis ojos y me dispuse a escuchar la canción; cuando llegó la parte de Redimi2 sentí algo en mi corazón, no sabía lo que estaba pasando, pero quería llorar. Nadie me conocía en la iglesia, pero escuché a alguien decir mi nombre, cuando abrí mis ojos y volteé a mirar no había nadie, de mis ojos fluyeron más lágrimas. En la prédica dijeron que Dios tocaba la puerta de nuestro corazón y debemos abrirla, así Él nos llamará Sus hijos; estas palabras fueron las que rebosaron mi vaso. 

 Hace un año y ocho meses le entregué mi corazón a Jesús, estoy terminando Universidad de la Vida, que ha sido una experiencia sobrenatural, sin duda alguna lo más difícil de todo fue perdonar ¡pero lo logré!  Como mis papás siempre buscan excusas para no dejarme ir a la iglesia, como el no tener dinero, tomé la decisión de vender dulces, papelería y otras cosas en el colegio, para así tener para los transportes y no faltar a mis reuniones.  Hoy puedo decir que soy hija de Dios y sé que voy a hacer todo por defender mi nuevo nombre.                                 

Gabriela Pirajan

———————-

Hace algunos años, Dios me dijo que mi nombre era Su predilecta y que era muy amada por Él, sin embargo por más que me esforzaba, no lograba tener intimidad con Dios. Hace dos años empecé a interesarme por buscar a Jesús, pero era tibia, pues tenía un pie adentro y otro afuera, y no quería comprometerme por temor a fallar. 

 Hace unas semanas tuve la oportunidad de conocer a alguien de la iglesia por temas de trabajo, definitivamente es una persona muy especial y por cosas que sólo Dios entiende, esa cita se convirtió en una oportunidad, pues ella me invitó a un encuentro y Dios me dijo que éste era el momento, acepté asistir y allí, el Señor transformó mi vida. El primer día en la mañana, no lograba conectarme, aunque sabía y entendía todos los pecados que pesaban sobre mí, no estaba teniendo una entrega real; así que empecé a pedirle a Dios que me ayudará, pues no quería irme como había llegado.  Mi objetivo era claro, quería que el Espíritu de Dios me dejara conocerlo, quería encontrarlo en este camino.

 Una de las guías me abrazo y ahí Dios me dijo: ¨Eres una hija mía y una muy hermosa¨. Ella empezó a hablar en lenguas y en ese momento mi corazón se quebró, comencé a ver todos mis pecados y me arrodillé.  Mientras estaba de rodillas sentí una presencia diferente que trataba de hablarme al oído y me infundía temor, no me dejaba concentrar, creo que satanás estaba determinado a desconcentrarme, pero oré, pidiendo que por la sangre de Jesús me dejara y dejé de sentir esa presencia extraña; continué arrepintiéndome y empecé a sentir alivio en mi corazón.  

 En la tarde entró la pastora Perla, una persona que me impactó desde el pre-encuentro, porque cada vez que ella oraba, yo sentía algo muy especial en ese lugar.  Recuerdo que dijo algo que me marcó: ¨Si queremos que el Espíritu Santo esté en nosotros, primero debemos sacar todo lo que hay dentro para que Él pueda entrar¨. Mientras continuaba pidiendo perdón, fui libre de todo lo que me había oprimido. Después llegó el momento de adoración al Espíritu Santo, alguien se acercó a mi hablando en lenguas y caí de rodillas. Mi boca comenzó n a moverse de una manera que no podía controlar, escuche el verdadero lenguaje del Espíritu, recuerdo sentirme muy feliz y tranquila. 

 El domingo llegué con la misma disposición, escuché atenta cada predica, cada testimonio y al caer la tarde, le pedí al Espíritu Santo que continuará obrando en mí, que quería volver a experimentar Su presencia. ¡Y así fue! En el momento en que oramos alguien volvió a pasar y me tocó mientras estaba arrodillada, estuve mucho tiempo hablando en lenguas que nunca he escuchado, sentía un calor intenso en mi espalda, garganta y brazos, entre más oraba más liberada me sentía. Luego me quede a la reunión familiar, y mientras orábamos Dios me confirmó que esta iglesia era mi lugar.

 Toda esa semana comencé mi día a las 4:40 de la mañana con Dios, sin embargo no había vuelto a hablar en lenguas, hasta que escuchando una prédica sobre cómo abrimos puertas a los demonios. Dios me inquietó y me mostró que aún habían cosas por las que no había pedido perdón y que estaba haciendo mal.  Sentí una tristeza profunda y me arrepentí, e hice la oración del final de la prédica, al terminar esa oración, volví a sentir esa presencia especial. Creo que estuve alrededor de media hora hablando en lenguas, y por mi mente pasaban imágenes de mi familia, me atrevo a pensar que el Espíritu pedía por todos ellos. Mi casa se siente más liviana y con más luz desde ese día. ¡Gracias Espíritu Santo!

Josefina Araujo

Las historias de estas dos mujeres nos recuerdan que nosotros tenemos la respuesta que el mundo está buscando en estos momentos. Tal vez, la conmoción del mundo te ha llevado a preguntarte ¿dónde está el gozo que me prometió Dios a comienzo de año? ¿la abundancia? ¿la paz? Hoy quiero decirte que Sus promesas siguen en pie. Isaías 55:11 nos dice que Su Palabra no le volverá vacía, sino que hará lo que Él quiere y será prosperada en aquello para que la envió.  Dios cumplirá la promesa de traer salvación a tu casa, de restaurar tu relación con tus hijos y de hacer crecer tu ministerio. Las montañas son buenas para inspirarnos pero el trabajo está en los valles. Y en este valle de incertidumbre, Dios se quiere glorificar en cada área de nuestras vidas. 

¡Sube a la montaña cada mañana, busca Su presencia y llénate de Él! (Para ver cómo puedes mantenerte conectado en este tiempo, toca aquí). Así podrás florecer en medio de este valle. ¡Es tiempo de evangelizar, hacer que tu célula crezca  y ver el poder de Dios fluir a través de ti!

 

Start typing and press Enter to search