EL LÍDER DE ESTE TIEMPO

Cuando le preguntaron al gran maestro del arte, Miguel Ángel, sobre la obra “El David”, dijo: «La imagen siempre estuvo ahí, lo único que hice fue remover unos cuantos escombros para descubrirla”. Por lo general los hombres de Dios cuando se encuentran cara a cara con su llamado se sienten intimidados ante la gran responsabilidad que se les está confiando, y la primera reacción es: Creo que hay otros más idóneos que harían mejor el trabajo.

Eso fue lo que sintió Moisés cuando Dios lo llamó para que liderara la liberación del pueblo de Israel de la opresión de Egipto. Su reacción fue: ¿Quién soy yo? Jeremías se sentía un niño y Pablo dijo: “Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1 Corintios 15:9,10).

Para poder llevar a cabo Su propósito en esta tierra, Dios siempre cuenta con el elemento humano. Cuando el Señor Jesús estuvo aquí, Él escogió doce hombres, a quienes llamó apóstoles. En ellos invirtió la mayor parte de Su vida ministerial, y luego los envió a que dieran continuación a la misión redentora que Él había iniciado. Aunque Jesús pudo haber vertido Su vida en las multitudes, no lo hizo, sino que prefirió trabajar hábilmente en la formación del carácter de doce personas completamente diferentes las unas de las otras.

Al igual que el alfarero con el barro, por tres años y medio dio forma al carácter de cada uno de ellos. Luego sopló, y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo” (Juan 20:22b). ¿Cómo pudo lograr el Señor Jesús que doce personas sin cultura, sin educación, sin riquezas ni posición social, llegaran a convertirse en los pilares del cristianismo? La respuesta es sencilla, estas personas respondieron al llamado de Dios y estuvieron dispuestas a dejarse moldear por Él para ser enviados. El padre de familia llamó a su hijo mayor y le dijo. “Hijo, tú eres un gran soldado, quisiera que me ayudes a cuidar las pocas ovejas que tenemos”.

Él, mirándolo respondió: “Papá, yo soy un hombre muy ocupado, soy parte del ejército, amo mi trabajo y no dispongo de tiempo”. El padre no se molestó y siguió consultando con sus otros dos hijos, que también estaban en el ejército del rey, de los cuales recibió la misma respuesta. Le pidió el favor a su cuarto hijo, más éste evadió la responsabilidad, lo mismo sucedió con el resto. Su última opción era hablar con el menor, se acercó a él y le dijo: “Hijo, me podrías ayudar a cuidar estas pocas ovejas”. “Sería un honor para mí poder servirte padre”, contestó y con gran firmeza asumió esa pequeña responsabilidad.

El nombre de este joven era David, mientras sus hermanos estaban en el ejército ostentando su imponente uniforme, David tenía que pasar noches enteras cuidando unas pocas ovejas, pero él nunca estuvo triste o haciendo su trabajo de mala voluntad, por el contrario, lo encontró como una oportunidad para fortalecer su relación con Dios. Su arpa se convirtió en su mejor compañía, descubrió uno de los más grandes secretos: adorar a Dios con todas sus fuerzas. Además se transformó en un gran guerrero, aprendió a defenderse de las fieras salvajes, y por defender las ovejas a su cargo, peleó con osos y hasta leones.

Mientras David era fiel con la responsabilidad que se le había dado, en el reino espiritual alguien lo estaba observando, era el mismo Dios. Un día el Señor le dice a uno de sus siervos, el profeta Samuel: He hallado a un hombre conforme a mi corazón; estas mismas palabras se las transmitió Samuel al rey Saúl después de su desobediencia a la Palabra que Dios le había dado: “Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó” (1 Samuel 13:14).

Los grandes ministerios empiezan con pequeñas responsabilidades; si somos fieles (entendiendo que la fidelidad es hacer las cosas de buena voluntad, con amor, gozo y entusiasmo), el Señor nos podrá confiar algo mucho mayor.

Dios sacó a David de detrás del redil de las ovejas y lo puso como rey sobre Su pueblo. Cuando mi hija Sara tenía tan sólo cinco años de edad, me acompañaba a ministrar desde la plataforma y disfrutaba mucho orar por las personas, al ella tocarlas caían al piso como fulminadas. Un día nos encontrábamos en Brasil, en una convención para pastores y líderes, cuando mi hija Sara se dio cuenta que iba a orar por ellos, corrió rápidamente a decirme: “Papi, ¿quieres que te ayude?”. “Por su puesto”, le contesté.

Ese día me ayudó a orar por más de mil pastores; cuando se cansó me dijo: “Ya te ayudé mucho”, y salió corriendo a continuar con lo que estaba haciendo antes. A los nueve años empezó a liderar su primera célula; a los once dio su primer mensaje en una convención; ahora ella tiene veintidós años y es una conferencista internacional que ama lo que hace.

Start typing and press Enter to search

Promocion convencion