EL ESPÍRITU SANTO DEBE ENGENDRAR LOS SUEÑOS

«Y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas». (Génesis 1:2). Mientras que en la tierra todo era caos y las tinieblas dominaban sobre el abismo, el Espíritu de Dios empollaba, de la misma manera que hace la gallina con sus polluelos. Sobre las aguas el Espíritu estaba concibiendo la creación del universo, de esta manera, Dios está poniendo el sello de la fe en toda la obra de Su creación, razón por la cual Dios se agrada tanto de aquellos que llevan una vida de fe, los cuales pueden transformar las circunstancias más caóticas en algo bello; pues es a través de la fe que podemos llamar las cosas que no son como si fuesen y dar vida a aquello que está muerto, y trasladar a aquellos que están bajo la potestad de las tinieblas a la luz admirable de Jesucristo.

Después de que el Espíritu había concebido todo lo que quería, fue que Dios habló. Y dijo Dios: «Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía» (Hebreos 11:3). La Palabra es Espíritu y es invisible, es decir, que de lo espiritual e invisible, vino lo material y visible; esto sólo pudo ser posible por la autoridad que acompañó a la Palabra de Dios, el salmista dijo: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos».

El Señor ha estado predicándonos desde el principio del mundo, sin emitir un solo sonido; a través de la Palabra, nadie puede permanecer sordo a Su voz, la creación nos habla de un Dios creativo, perfecto, exacto, generoso y eterno. La creación es un fiel reflejo de la autoridad de la Palabra de Dios. El escritor a los Hebreos refiriéndose a la fe de Abraham dijo: “Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”. (Hebreos 11:9·10).

Un arquitecto diseña, Dios antes de crear este vasto universo hizo el diseñó perfecto de él; pensó en la belleza de las flores, en el colorido de los peces, en la grandeza de los montes, en el verdor de los valles, en el azul de los cielos y en la imponencia de los mares. Mientras El trabajaba en el diseño, el Espíritu Santo se movía sobre la faz de las aguas, preparando el ambiente para que la palabra de Dios fuera declarada y el milagro ocurriera.

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