APOYÁNDONOS EN DIOS

Un hombre tartamudo, que tenía que apelar a su hermano como intérprete, se enfrentó al rey más poderoso de la tierra de aquella época; Dios envió los juicios más extraordinarios para devastar esa nación. Este hombre sabía mover la mano de Dios, y con una vara, como única arma en su mano, enfrentó al ejército más poderoso del mundo y con un solo ademán, todos, incluyendo al mismo rey, fueron derrotados; me estoy refiriendo a Moisés. Cuando Dios llamó a Moisés a presentarse ante faraón para que dejara ir a Su pueblo a que le sirviera por tres días en el desierto, le advirtió que este hombre endurecería su corazón para no dejarlos ir, pero también le dijo que no debía preocuparse porque Él haría maravillas en toda la nación de Egipto y luego los dejarían ir.

Moisés no pensó en que debía conformar un ejército para enfrentarse en una lucha cuerpo a cuerpo con los ejércitos de faraón, él simplemente esperó en Dios e hizo todo lo que Él le ordenó. Cuando vino el último juicio sobre la nación de Egipto, Dios le indicó a Moisés cuáles serían los pasos a seguir y al darle las instrucciones lo equipó con las armas espirituales más poderosas que jamás el pueblo de Dios hubiese conocido. Todo estaba concentrado en el sacrificio del cordero y en la celebración de la pascua.

Lo que vencería al ángel de la muerte sería la sangre del cordero aplicada en los dos postes y en los dinteles de cada casa; todo esto es un prototipo del sacrificio de Jesucristo. “Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata” (Marcos 3:27a). La manera de debilitar la fuerza del enemigo en cualquier guerra, es atando al hombre fuerte. Cuando éste se ata es cuando se puede saquear su casa. Satanás sabe que cualquier persona que conozca estos principios espirituales, y los ponga en práctica, lo vencerá.

Debemos entender que vencer al hombre fuerte no significa que estaremos erradicando el mal del mundo entero; sabemos que esto lo hará el Señor Jesús. Pero al desenmascararlo, quitamos la influencia del mal de nuestra vida, de nuestra familia, de los negocios, de las finanzas, de la ciudad y de la nación.

Jesús dijo: “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos” (Mateo 16:19).

Nosotros abrimos el reino de los cielos por la palabra de autoridad que Dios ha puesto en nuestros labios, lo mismo debemos hacer para atar cualquier poder del enemigo.

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